El buen catador aprecia el mezcal, su sabor, cuerpo, aroma y
particularmente su proceso de producción enteramente natural, alejado de las sofisticaciones
tecnológicas y químicas. No se usan agroquímicos sino la sabiduría de los
viejos que dicen que hay que sembrar y cosechar maíz y garbanzo entre los
magueyes, para enriquecer naturalmente la tierra.

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