viernes, 27 de octubre de 2017

Saborear el mezcal requiere al menos tres pasos, desde luego bebiéndolo solo, sin mezclar, para aproximarse lo más posible a su estado ideal de pureza.

El primer trago debe sentirse en la lengua, para enseguida inundar el paladar y el sentido del olfato, ambos deben de permitir captar ese sabor a tierra y a humo, a la tierra mineral de Matatlán y al aire vegetal del agave. El primer trago es para destacar la atmósfera de la bebida.

El segundo paso es dejar que resbale por la garganta, para sentir su cuerpo, el cual despierta las sensaciones que produce una bebida con ese carácter regio que lo identifica. En ese momento el sabor debe esparcir, es decir, cubrir toda la gama de sensaciones, sabores y regustos en el paladar, dejándolo ansioso y dispuesto.

El tercer paso es sentirlo caer en el estómago.  Un cálido agasajo que acicala el ánimo, atemperando y haciendo más noble lo noble. Por eso bien dicho el dicho de Matatlán.

“Para todo mal, mezcal y para todo bien, también y si no hay remedio pues litro y medio".





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Mezcal... Plácido Hernández